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La fecha de fundación de Medellín

Image and video hosting by TinyPic José María Bravo B.

 

Son varias las fechas que se le asignan a la fundación de Medellín, y donde fue fundada. A raíz de esto, la Academia Antioqueña de Historia, después de detenido y profundo estudio por parte de sus académicos, se pronunció con motivo de la conmemoración del tercer centenario de la fundación jurídica, de la Villa de Nuestra Señora de La Candelaria de Medellín.

La Academia remitió al Concejo de Medellín su opinión; con base en él, éste aprobó el Acuerdo 32 de 1975 (4 de septiembre).

Se aclaró que el 2 de marzo de 1616, el oidor y visitador don Francisco Herrera Campuzano, decretó fundado el primer caserío al que dio el nombre de San Lorenzo de Aburrá, en donde ahora se asienta el barrio El Poblado.

Dice el Acuerdo:

“En ejercicio de sus atribuciones legales, en especial de las conferidas por las leyes 4a. de 1913, 72 de 1926 y 889 de 1936; con el fin de atender en buena forma a la celebración del tercer centenario de la fundación jurídica de la Villa de Nuestra Señora de La Candelaria de Medellín, repasados los archivos del cabildo desde 1670 hasta hoy y oído nuevamente el dictamen de la Academia Antioqueña de Historia.

ACUERDA:

ARTICULO 1º.- Declárase como día clásico de la fundación jurídica de Medellín, el 2 de noviembre de 1675.

PARAGRAFO 1o.- Declárase benemérito de Medellín al Maestro Juan Gómez de Ureña, cura doctrinero del pueblo de San Lorenzo de Aburrá, beneficiario de los vecinos del sitio de Aná y primer cura fundador en 1649 de la iglesia de La Candelaria, muerto el 13 de noviembre de 1673.

PARAGRAFO 2o.- Declárase igualmente digno de especial memoria y gratitud al Capitán Don Francisco Montoya y Salazar, Gobernador de la Provincia de Antioquia, donde murió el 28 de marzo de 1675, siete meses antes de la realización de su tan anhelada obra, la erección de un cabildo en el Valle de Aburrá.

PARAGRAFO 3o.- Hónrase y exáltase asimismo al Capitán General Don Miguel de Aguinaga y Mendigoitía, quien como Gobernador y Capitán General de la Provincia de Antioquia, recién posesionado del cargo mandó levantar el censo de población del Valle del Aburrá, le señaló límites a la nueva villa, y en la plaza mayor denominada hoy Parque de Berrío, el 2 de noviembre de 1675, instaló y presidió la reunión del primer cabildo, justicia y regimiento, en obediencia a la ley vigente del derecho indiano, y los nombres de sus miembros hónranse y exáltanse igualmente.

ARTICULO 2o.- Al lado del templo de la parroquia de Nuestra Señora de La Candelaria en la plaza mayor, hoy de Berrío, el departamento administrativo de Valorización arreglará convenientemente el lugar que allí posee y lo entregará a la ciudad para conservarlo con el nombre de Rincón de los Fundadores, donde se colocará una placa.

ARTICULO 3o.- Envíase a Medellín de Extremadura, en España, una placa con la siguiente leyenda:

El Cabildo y el pueblo de Medellín de Colombia en el tricentenario de su fundación a la muy ilustre ciudad de Medellín de Extremadura gratitud y eterna solidaridad 1675 - 2 de noviembre - 1975.

ARTICULO 4o.- en un tablado con techo pajizo que se levantará frente al sitio donde se reunió el primer cabildo de la Villa, el Concejo instalará este año sus sesiones ordinarias correspondientes al mes de noviembre, y para hacerlo coincidir con la fecha de la efemérides tricentenaria de la fundación jurídica de la Villa, el acto tendrá lugar el día 2 de dicho mes.

ARTICULO 5o.- Este acuerdo regirá desde la fecha de su sanción, quedando derogadas todas las disposiciones anteriores contrarias a las presentes.

Dado en Medellín, a primero (1o.) de septiembre de 1975

 

El Presidente                                                       El Secretario

HERNÁN VALENCIA GUEVARA                               JOSEJOTA ZULUAGA

 

El pasado nos interroga sobre la necesidad de recordar estas fechas.

El hipsómetro del sabio Caldas

Editable
Luis Fernando Múnera López[1]

 

Gracias a un accidente y a la aplicación de su inteligencia, percepción e imaginación, Francisco José de Caldas (Popayán, 1768 – Bogotá, 1816), aislado del mundo científico en su ciudad natal, confirmó un principio físico elemental: La presión de la atmósfera influye en la temperatura de ebullición del agua. Con esta teoría inventó el hipsómetro. Este evento, que se cuenta en pocas palabras, recoge un hecho enriquecedor de la historia de la ciencia en Colombia.

 

El hipsómetro es un instrumento que permite medir la diferencia de presión atmosférica y por tanto la diferencia de alturas entre dos lugares, mediante la diferencia de la temperatura de ebullición del agua.


Lo bonito de este hecho, además de la utilidad del invento, es la manera como la narra, de su puño y letra, el autor del ingenio: “En un pequeño viaje que hice (hacia 1793) al volcán de Puracé, no tuve acontecimiento más feliz que romper un termómetro por la extremidad del tubo”[2]. Suena extraño que un científico remontado en lo alto del páramo y entregado a sus observaciones rompa uno de sus instrumentos, cuya reposición no sería fácil en el Popayán del siglo XVIII, y se declare feliz. Sin embargo, Caldas lo confirma: “Sí, este fue el fruto más precioso de esta expedición porque él fue la causa de que nacieran en mí ideas que de otro modo nunca se habrían producido”.


El sabio decide recuperar su instrumento, usando lo que queda de él. Introduce nuevamente el mercurio en el trozo de tubo de vidrio que le quedó, y entonces “tomo aguas de lluvias con precaución, la hiervo, sumerjo mi termómetro, dejo que evacue todo el mercurio superabundante, le cierro y creo tener el límite superior”. Después “hago venir nieve, le machaco y envuelvo en ella la bola de mi termómetro, señalo el punto en que se detiene”, y obtiene el extremo inferior.


Mediante evidencia directa y algunas lecturas previas, infería que el punto de congelamiento era constante de un lugar a otro y tenía referencias de que la temperatura de ebullición era distinta en ciudades de América y Europa, situadas en latitudes y alturas diferentes, pero carecía de algún análisis que lo justificara.

 

Confirma su duda cuando mide, con su termómetro reconstruido, la temperatura de ebullición del agua en Popayán y la encuentra más alta que en el Puracé. Para su espíritu científico esta información resulta inquietante. Detrás de ella se muestra un hecho tangible pero inexplicado. Y se dedica a analizarlo.


De repente, surge lo que parece ser la respuesta: “Duplico mis esfuerzos, leo los pocos físicos que tengo y comienzo a meditar con seriedad. Un día, revolviendo en mi espíritu todas las ideas expuestas hasta aquí quiero volver sobre mis pasos para aclararlas, y tomo un camino inverso. De repente se me presentan estas verdades: el calor del agua hirviendo es proporcional a la presión atmosférica; la presión atmosférica es proporcional (sic) a la altura sobre el nivel del mar; la presión atmosférica sigue la misma ley que las desviaciones del barómetro, o hablando con propiedad, el barómetro no nos enseña otra cosa que la presión atmosférica; luego, el calor del agua nos indica la presión atmosférica del mismo modo que el barómetro; luego, como él, puede darnos las elevaciones de los lugares. He aquí un método de medir las montañas y las elevaciones de los lugares sin necesidad del barómetro y con tanta seguridad como él. ¿Será éste un verdadero descubrimiento? ¿Habré adivinado en el seno de las tinieblas de Popayán un método que estará hallado y perfeccionado por algún sabio europeo? O por el contrario ¿seré yo el primero a quien se hayan presentado estas ideas?”
El sabio Caldas vuelve a revisar los pocos libros y escritos de que dispone y no encuentra nada que se le parezca. Sus dudas no terminan: “La simplicidad de los principios, la claridad de las ideas me inspiraba, a pesar de estas reflexiones, una grande desconfianza”. Finalmente, afianza su fe en sus descubrimientos y deducciones, termina por aceptar su validez, pero reconoce una dificultad: “debo perfeccionarlas, me decía, debo consultar a la experiencia”.


Decide entonces emprender la investigación, a pesar de sus limitaciones. Tiene su barómetro y consigue prestado un termómetro “exacto, cerrado en Londres”. Posee un dato de gran valor, la lectura confiable de presión atmosférica y temperatura de ebullición al nivel del mar. Propone y calibra un modelo matemático que le permita predecir la relación entre la temperatura de ebullición y la altura barométrica. Empieza a medir sistemáticamente esas dos variables en Popayán y seis localidades vecinas. Más adelante hace lo mismo en el valle del Patía, Pasto y Quito. Los resultados comprueban tanto su teoría como el modelo, con un pequeño margen de error. Con ello, el termómetro queda convertido en hipsómetro.


Cuando Caldas se encuentra en 1801 con el barón Alexander von Humboldt, le explica su teoría y le muestra los resultados de sus experimentos. El sabio alemán los encuentra valederos y le confirma que nadie ha propuesto ideas similares. Caldas declara entonces en su manuscrito: “Desde ese momento entro en posesión de éste, si se puede llamar pequeño descubrimiento”. Y así se lo reconoce la historia de la ciencia.



[1] Miembro correspondiente de la Academia Antioqueña de Historia.

[2] Ensayo de una memoria sobre un nuevo método de medir las montañas por medio del termómetro por Francisco José de Caldas. Manuscrito, 37 páginas. Quito, abril de 1802. Códice que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Antioquia.

CALDAS VIO LA LUZ DE ESTE MUNDO EL DÍA 4 DE OCTUBRE DE 1768

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por Ahmed-R

A los 248 años su nacimiento, este año de 2016 se le rinde homenaje al Sabio Caldas, como lo llamó Celestino Mutis, director de la Expedición Botánica, le hacemos honores, en el bicentenario de su muerte, a manos de la mano siniestra española que cruzó el Mar de los Caribes, para apagar la lumbre, que se encendía en este continente de los Carib-dis, que según Platón estaba poblado por súbditos por naturaleza.

Caldas encendió el fuego en las mentes de los novogranadinos, y en su paso por La República de Antioquia contratado por el Presidente José Miguel de Restrepo, dejó la semilla de la industria de la mano de don Juan del Corral.

En esta aniversario 248 de su alumbramiento, es válido resaltar el esfuerzo de Fundacaldas para recuperar  la Casa de Caldas en Popayán, con la buena noticia que el Sr. Gobernador del Cauca, don Oscar Campo, dio la orden para recuperar la casa de la familia Caldas, para que regrese a su estado de preservación y ahora con la nueva propuesta del Gran Museo de Caldas en la Ciudad Blanca.

La casa había sido ocupada por entidades financieras y oficinas de recados de la Gobernación, luego de un comodato de 10 años con Unicauca por el gobernador Guillermo Alberto González Mosquera.

Este paso es acorde con la ley de Honores del Congreso de la República de Colombia, iniciativa de Fundacaldas, con lo que se revivirá el Museo Caldas con presupuesto y nueva cara de la historia de todas las facetes de don Francisco Antonio José de Caldas y Tenorio.

 Entre todos los seguidores de Caldas, buscaremos ideas para hacer del Museo Caldas de Popayán el más grande y novedoso centro histórico de la obra de El Sabio, con ideas novedosas, con nueva documentación, y con una presentación interactiva de amplio espectro a las todas las edades y público.

La verdadera Historia

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Estudiar la Historia basados solamente en nombres, lugares y fechas puede ser un desperdicio de tiempo y esfuerzo. Los profesores que limitan su clase a esto desaprovechan una oportunidad preciosa de nutrir a sus alumnos con la comprensión de los procesos más allá de los datos escuetos que les obligan a memorizar.

 

La Historia debe entenderse a partir de las causas y los efectos de los hechos. El presente es el resultado de un movimiento que viene del pasado.

 

Por supuesto es importante conocer las fechas y lugares, porque permiten correlacionar los hechos con otros que influyeron o fueron influidos por ellos. Y hay que conocer las personas que protagonizaron los eventos para analizar la participación que tuvieron, pero teniendo claro que no fueron los únicos que intervinieron en ellos.

 

Es necesario evitar los juicios de valor que califican a los protagonistas simplemente como “los buenos” y “los malos”, y evaluar, más bien, las razones que los llevaron a actuar de tal o cual manera, que pueden ser válidas en el momento de los hechos, aunque ahora se vean de una forma diferente.

 

Pero todo ello no basta. Lo que realmente importa es el proceso conformado por la serie de eventos y hechos que se narran.

 

Así las cosas, y para poner un ejemplo que ilustre esta reflexión, me ha parecido que la polémica entre los seguidores —¿fanáticos?— de nuestros dos próceres mayores, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, por lo general aporta muy poco a conocerlos a fondo, más allá de su personalidad, sus discursos y sus frases impactantes, porque en esas polémicas poco se profundiza en la situación de la Gran Colombia después de la Independencia, y en los procesos que entonces se vivían.

 

La verdad es que nuestra independencia poco o nada cambió los vicios que existían durante la dominación española que motivaron la revuelta emancipadora. La mayoría de las cosas permanecieron igual, las injusticias siguieron cometiéndose y los vacíos sociales y económicos continuaron sin ser satisfechos. Simplemente, las cosas sólo cambiaron de manos.

 

La tierra, en particular los latifundios, y el comercio de bienes importados, continuaron siendo los medios de producción principales. Sólo cambiaron los aristócratas que los ejercían, pues los nuevos eran criollos. Continuaron las restricciones para las demás actividades económicas y para las otras clases sociales. Los verdaderos cambios ocurrirían varias décadas después del inicio de la República, gracias a una coalición de clases —la burguesía, los artesanos, los pequeños propietarios agrícolas y los esclavos—.

 

Los comerciantes promovían la eliminación de los resguardos indígenas y de la esclavitud, con el fin de aumentar la base de consumidores asalariados que comprasen más productos. Además, estaban interesados en que se eliminaran las barreras arancelarias para el comercio internacional.

 

Los artesanos, por el contrario, pedían el estímulo y la protección de la pequeña producción nacional, entrando así en conflicto con los comerciantes.

 

Los pequeños agricultores abogaban por mayor acceso a la tierra y por la supresión de los estancos —en particular el del tabaco— y de gravámenes tales como el diezmo que pesaba sobre ellos.

 

Los terratenientes estaban interesados en que se mantuviese el statu quo de las grandes concesiones de baldíos —la mayoría improductivos—, que continuara la esclavitud, y sólo coincidían con los pequeños en su interés por la abolición del diezmo.

 

Era obvio que los esclavos deseaban su libertad para asumir el estado de hombres y no de cosas, pero poca consciencia tenían de que el cambio podría ser más moral que práctico.

 

Poco se habla de cuál fue la posición y cuáles los actos de gobierno de Bolívar y Santander en torno a estos hechos.

 

Mientras los estudiosos de la historia no conozcan estos procesos poco entenderán las causas de muchas situaciones que hoy vive nuestra sociedad colombiana. Así como la independencia no abolió los vicios de la colonia, la situación de ese entonces no es muy diferente a la de hoy, aunque se manifieste en hechos distintos.

 


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Luis Fernando Múnera López/ Miembro correspondiente de la Academia Antioqueña de Historia

 

REPORTAJE A LA HISTORIA DESDE LA AAH

Inicio esta columna para los eventos más importantes, para los personajes más olvidados y los pueblos ignorados, que bajo la bandera de un gran líder, hicieron historia.

De parte de quienes intentamos acercarnos a la verdad.

 

11 DE AGOSTO DE 2016, DECLARATORIA DE INDEPENDENCIA DE ANTIOQUIA.

 

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REPÚBLICA DEL ESTADO SOBERANO DE ANTIOQUIA

Hace 203 años, en 1813, El Presidente don Juan Bautista Antonio María del Corral y Alonso,  DECLARÓ  al territorio gobernado por él, como Estado Libres y Soberano de la República de Antioquia.

Cortaba así la dependencia con el Rey Fernando VII y cualquier otra autoridad que no emanara del pueblo. Por un momento soltó lazos de dependencia con Las Provincias Unidas, quienes tenían el control de lo Militar y de la Hacienda, y nada hacían para contener la amenaza que sobre Antioquia, venía bajando desde Popayán la mando del General Realista Don Juan de Sámano, testigo mudo de la artillería el 20 de Julio de 1810 en la capital virreinal Santa Fe en Bogotá.

Antioquia con la dirección del “Buen Dictador” Corral, logra movilizar, la sociedad, las milicias, la economía, el clero, y declara la independencia de la República de Antioquia.

Declaración total de soberanía e independencia, que luego, por su temprana muerte,  regreso a ser dependiente como antes, del gobierno de las Provincias Unidas, y así cayó la Primera República de Colombia en el año 1816.

En el año 1819, con la Campaña Libertadora de Bolívar, el más joven Teniente Coronel de los ejércitos granadinos, el antioqueño José María Córdova Muños, ejecuta la Campaña Libertadora de Antioquia, cuando al igual que con Santa Fe, se toma la sede del gobierno realista y los pone en fuga.

Este día del 11 de agosto de 2016, las autoridades departamentales y municipales, en la plazoleta del Centro Administrativo Departamental José María Córdova, en la zona de la Alpujarra, encabezadas por el Sr. Gobernador de Antioquia Dr. Luis Pérez Gutiérrez, celebraron la fecha magna de un pueblo que se declaró independiente hace 203 años. 

El Dr. Pérez es miembro honorario de la Academia Antioqueña de Historia, AAH, a quien agradece su apoyo a lo largo de los años, en pro de la cultura,  rescate, preservación y divulgación del pasado de nuestro territorio.

La Academia, estuvo representada por el académico don Ahmed Restrepo Enciso, ya que por razones de fuerza mayor de última hora, la Sra. Presidente doña Socorro Inés Restrepo Restrepo, no pudo asistir como estaba planeado, para encabezar la delegación de la Academia.

 

Ahmed-R